Si le preguntas a cualquier director o directora de colegio cuál es uno de sus mayores dolores de cabeza, probablemente la convivencia escolar aparezca entre los primeros lugares. Y no es casualidad. En un espacio donde conviven cientos de niños y adolescentes con realidades, personalidades y necesidades distintas, los conflictos no solo son inevitables: son una oportunidad de aprendizaje.
Más allá del reglamento: convivencia como formación
Durante décadas, la convivencia escolar se abordó desde la lógica del castigo y la sanción. Si un estudiante se portaba mal, recibía una anotación. Si reincidía, una suspensión. Pero la evidencia pedagógica ha demostrado que este enfoque punitivo no cambia comportamientos de fondo. Lo que sí funciona es la formación en valores, la construcción de habilidades socioemocionales y la creación de espacios donde los estudiantes sientan que pertenecen.
La Política Nacional de Convivencia Escolar en Chile reconoce precisamente esto: que la convivencia se enseña, se aprende y se practica. Y ahí es donde la formación ciudadana juega un rol central.
¿Qué tiene que ver la formación ciudadana con la convivencia?
Todo. La formación ciudadana aborda valores como el respeto, la empatía, la solidaridad, la tolerancia y la responsabilidad. Estos no son conceptos abstractos para una prueba; son las herramientas que un estudiante necesita para resolver un conflicto con un compañero, para incluir al que es diferente, para levantar la voz frente a una injusticia sin recurrir a la violencia.
Cuando un estudiante entiende qué significa vivir en comunidad, cuando interioriza que sus acciones tienen consecuencias para otros y que los derechos vienen acompañados de deberes, la convivencia mejora de forma natural.
Señales de que la convivencia necesita atención
Aumento de conflictos entre estudiantes que se resuelven con agresión verbal o física en lugar de diálogo.
Exclusión sistemática de ciertos compañeros por su aspecto, origen, rendimiento académico o forma de ser.
Ciberacoso o conflictos digitales que se trasladan al aula y afectan el clima del curso.
Apatía generalizada frente a actividades colectivas, con estudiantes que sienten que el colegio no los representa.
Docentes desgastados que dedican más tiempo a gestionar conflictos que a enseñar.
Cuatro pilares para una convivencia sana
1. Empatía. Aprender a ponerse en el lugar del otro es el primer paso para resolver cualquier conflicto. La empatía no es un rasgo innato; se puede y se debe enseñar.
2. Respeto a la diversidad. Una comunidad escolar sana celebra las diferencias en lugar de castigarlas. Eso se construye con actividades concretas que visibilicen distintas realidades y fomenten la aceptación.
3. Participación estudiantil. Cuando los estudiantes tienen voz en las decisiones que los afectan, se comprometen más con su comunidad. Los centros de alumnos, los consejos de curso y las instancias de diálogo son espacios clave.
4. Herramientas de resolución de conflictos. Enseñar a los estudiantes a mediar, negociar y dialogar les entrega habilidades que usarán toda su vida, dentro y fuera del colegio.
La convivencia se practica todos los días
No basta con una charla al inicio del año o una semana de la convivencia en octubre. La formación en valores ciudadanos debe ser constante, integrada al currículum y adaptada al lenguaje de las nuevas generaciones.
En Cívicamente, temáticas como la empatía, el respeto, la solidaridad y la resolución de conflictos están diseñadas para que los estudiantes las vivan, no solo las lean. A través de narrativas cercanas, trivias desafiantes y contenido multimedia, cada sesión se convierte en una oportunidad para practicar lo que significa convivir en comunidad.
¿Por qué Cívicamente es la solución ideal para mejorar la convivencia escolar?
Cívicamente aborda la convivencia escolar desde su raíz: la formación en valores ciudadanos. Su programa incluye módulos específicos sobre empatía, respeto a la diversidad, resolución pacífica de conflictos y participación democrática, todos presentados con un lenguaje cercano y formatos interactivos que captan la atención de los estudiantes. A diferencia de intervenciones puntuales como charlas o semanas temáticas, Cívicamente ofrece un proceso continuo y estructurado que permite a los establecimientos trabajar la convivencia de forma sostenida durante todo el año escolar. Además, sus indicadores de avance ayudan a equipos directivos y encargados de convivencia a identificar logros y áreas de mejora con datos concretos, transformando la gestión de la convivencia de reactiva a preventiva.