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La ciudadanía también se aprende en la escuela

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en Columnas de opinión
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Vicedecano, Facultad de Educación
Universidad del Desarrollo
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La formación ciudadana suele aparecer en el debate educativo asociada a contenidos como conocer nuestras instituciones, comprender cómo funciona el Estado, identificar derechos y deberes o entender los mecanismos de participación democrática. Todo ello es necesario, pero formar ciudadanos es bastante más que enseñar conceptos porque ciudadanía se aprende, sobre todo, ejerciéndola.

Esa idea adquiere especial relevancia en el contexto del Torneo de Liceos Bicentenario organizado por Cívicamente, la Facultad de Educación UDD con el patrocinio del MINEDUC, porque este tipo de iniciativas permite trasladar la formación ciudadana desde los textos y las definiciones hacia la experiencia concreta de los estudiantes. Argumentar una posición, escuchar una perspectiva distinta, construir una respuesta, trabajar con otros y aceptar reglas comunes son aprendizajes que difícilmente pueden desarrollarse solo a través de una clase expositiva.

Esto es particularmente importante en el momento que vivimos donde las nuevas generaciones tienen un acceso a información que hace algunos años habría sido inimaginable. Las redes sociales y la inteligencia artificial permiten obtener respuestas en segundos, pero esa abundancia de información no necesariamente produce ciudadanos mejor informados. Al contrario, también puede amplificar la desinformación, la polarización y la dificultad para distinguir entre evidencia, opinión y contenido diseñado simplemente para provocar una reacción.

Por eso, uno de los desafíos centrales de la escuela contemporánea es entregar a los estudiantes herramientas para comprender la sociedad en la que viven, analizar información, contrastar argumentos y construir posiciones propias de manera fundamentada. Se trata de enseñarles a pensar y participar responsablemente.

En ese sentido, la formación ciudadana tampoco puede entenderse como responsabilidad exclusiva de una asignatura. La democracia se aprende en la convivencia cotidiana de una comunidad educativa, es decir, cuando un estudiante puede expresar una opinión y sabe que será escuchado; cuando aprende que estar en desacuerdo no significa descalificar al otro; cuando participa en decisiones colectivas; cuando comprende que existen normas que protegen derechos, pero también responsabilidades que permiten vivir juntos.

Los establecimientos educacionales tienen, por tanto, una tarea que trasciende la preparación académica. Una escuela también es uno de los primeros espacios públicos que experimentan niños y jóvenes. Allí conocen la autoridad, las normas, la representación, el conflicto, la cooperación y la diversidad. La forma en que viven esas experiencias influirá inevitablemente en cómo comprenderán después su participación en la sociedad.

Los Liceos Bicentenario tienen una oportunidad especialmente significativa en esta materia porque su compromiso con las altas expectativas y con el desarrollo de las capacidades de sus estudiantes puede proyectarse también hacia una concepción exigente de ciudadanía. La excelencia educativa no consiste únicamente en alcanzar buenos resultados académicos, sino también implica formar jóvenes capaces de involucrarse en los asuntos públicos, convivir con quienes piensan diferente y asumir responsabilidades respecto de su comunidad.

Por eso, iniciativas como el torneo antes mencionado tienen un valor que va más allá de la competencia porque son oportunidades para demostrar que la formación ciudadana puede ser activa, desafiante y profundamente educativa. Cada estudiante que investiga, argumenta, escucha y defiende respetuosamente una posición está desarrollando competencias indispensables para la vida democrática.

Chile necesita ciudadanos que confíen en la democracia, pero esa confianza no puede darse por sentada porque se construye desde temprano, a partir de experiencias concretas de participación, respeto y responsabilidad.

Si queremos una democracia sólida en el futuro, debemos comenzar por ofrecer a nuestros estudiantes oportunidades reales para vivirla hoy. Y en esa tarea, nuestras escuelas y liceos tienen un papel insustituible.

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